Irán anunció un nuevo cierre del estrecho de Ormuz, apenas horas después de permitir una reapertura parcial, reavivando la incertidumbre en los mercados energéticos y la estabilidad regional.

Desde Teherán, las autoridades justificaron la medida acusando a Estados Unidos de mantener restricciones contra sus puertos, pese a los gestos previos de flexibilización. Según el alto mando militar iraní, el paso marítimo vuelve a estar bajo control estricto hasta que se garantice la libre circulación de sus embarcaciones.

El portavoz del Cuartel General Central de Khatam al-Anbiya, Ebrahim Zolfaghari, aseguró que la decisión responde al incumplimiento de acuerdos por parte de Washington, al que acusó de prácticas equivalentes a “piratería” bajo el esquema de bloqueo.

El estrecho de Ormuz es clave para la economía global, ya que por esta ruta transita cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del mundo. Su cierre genera de inmediato presión en los precios y nerviosismo en los mercados internacionales.

En el plano político, el expresidente Donald Trump ha reiterado que las restricciones contra Irán se mantendrán hasta alcanzar un acuerdo sólido, mientras informes indican que varias embarcaciones han tenido que retroceder ante el aumento de la tensión.

A nivel regional, la situación sigue siendo frágil. En Líbano, miles de desplazados han comenzado a regresar tras el cese de hostilidades entre Israel y Hezbolá, aunque persisten advertencias de nuevos riesgos por parte de líderes como Benjamin Netanyahu.

Aunque se habla de avances diplomáticos, la distancia entre las declaraciones y la realidad sigue siendo amplia, manteniendo a la región en una calma tensa que podría romperse en cualquier momento.