Redacción Internacional.– Con la llegada de un nuevo año, millones de personas se proponen cambiar hábitos, mejorar su salud, ordenar sus finanzas o dedicar más tiempo a la familia. Sin embargo, ese impulso inicial suele desvanecerse rápidamente y, en pocos días, muchos objetivos quedan abandonados.

Diversos estudios confirman que este fenómeno es más común de lo que parece. Investigaciones internacionales señalan que apenas una semana después del 1 de enero, cerca del 23 % de las personas ya ha renunciado a sus propósitos, y que, con el paso de los meses, casi nueve de cada diez no logra cumplirlos, según datos de la Universidad de Scranton.

En América Latina, el panorama no es distinto. En países como Colombia, más de la mitad de la población afirma no contar con la energía suficiente para sostener sus metas personales, mientras que un alto porcentaje reconoce enfrentar problemas de salud mental como ansiedad y estrés. Situaciones similares se registran en México, Argentina, Chile y Brasil, donde el cansancio emocional y las presiones cotidianas dificultan mantener los compromisos asumidos a inicio de año.

Especialistas explican que el agotamiento posterior a las vacaciones y las altas expectativas influyen negativamente en la constancia. De acuerdo con la Asociación Americana de Psicología (APA), la desmotivación, la fatiga acumulada y la falta de objetivos claros son factores determinantes en el abandono temprano de las metas, especialmente cuando se esperan resultados inmediatos.

Ante este escenario, expertos recomiendan establecer objetivos realistas y medibles, dividir las metas grandes en pasos pequeños y valorar los avances diarios. Celebrar los logros, contar con apoyo social y aplicar métodos como el SMART puede marcar la diferencia, recordando que la perseverancia y el enfoque en el proceso son claves para convertir los propósitos de Año Nuevo en cambios duraderos.