Un estudio del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) de España reveló que las personas con hipertensión arterial tienen un riesgo significativamente mayor de sufrir daños cardíacos al recibir antraciclinas, uno de los tratamientos contra el cáncer más utilizados desde hace décadas. Los resultados fueron publicados en la revista European Heart Journal y confirman observaciones previas realizadas en estudios epidemiológicos.

Las antraciclinas siguen siendo fármacos de primera línea por su alta eficacia frente a diversos tipos de cáncer, como linfomas, leucemias, sarcomas, cáncer gástrico y ciertos subtipos de cáncer de mama. Sin embargo, estos medicamentos pueden provocar cardiotoxicidad en un porcentaje de pacientes, una condición que puede evolucionar hacia insuficiencia cardíaca crónica y que afecta a cerca del 5 % de los supervivientes tratados con estas terapias.

La investigación demostró que los pacientes con enfermedades cardiovasculares previas —especialmente hipertensión arterial— presentan un riesgo mucho mayor de desarrollar este daño cardíaco. De hecho, la hipertensión es el factor que de forma más consistente se asocia con un incremento del riesgo, lo que explica por qué más de un millón de personas en Europa viven hoy con insuficiencia cardíaca como consecuencia tardía de tratamientos oncológicos.

En el estudio experimental, los investigadores reprodujeron una sobrecarga de presión crónica en el corazón, equivalente a la hipertensión, antes de administrar antraciclinas. Los resultados mostraron que la combinación de ambos factores desencadena una “tormenta perfecta”, provocando mayor frecuencia de insuficiencia cardíaca, aumento de la mortalidad y una peor evolución clínica en comparación con quienes solo recibieron el fármaco.

Finalmente, el equipo exploró una posible estrategia preventiva mediante un inhibidor selectivo, logrando reducir el daño cardíaco en condiciones experimentales. Los expertos consideran que, si estos resultados se confirman en estudios clínicos, podrían abrir la puerta a tratamientos preventivos personalizados para pacientes hipertensos con cáncer, marcando un avance importante en la cardio-oncología y la medicina preventiva.