Un estudio realizado por investigadores brasileños de la Universidad Internacional de Florida (FIU) reveló que el cerebro puede entrenarse para disfrutar más del ejercicio mediante la exposición previa al dolor y al estrés físico, como sumergir partes del cuerpo en hielo. La investigación, publicada en la revista Stress & Health, observó que personas sedentarias que introducían sus manos en agua helada antes de ejercitarse mostraban mayor tolerancia y placer durante una intensa sesión de bicicleta estacionaria.

El experimento fue dirigido por el profesor Marcelo Bigliassi y la estudiante Dayanne Antonio, quienes analizaron a 34 adultos jóvenes con niveles bajos de actividad física. Utilizando electroencefalografía e inteligencia artificial, los investigadores midieron la actividad cerebral, el ritmo cardíaco y la respuesta psicológica de los participantes. Los resultados mostraron que quienes soportaron más dolor en la prueba de hielo disfrutaron más el ejercicio posterior.

Bigliassi explicó que este efecto se debe a que el dolor previo altera los “puntos de referencia” del cuerpo, haciendo que el esfuerzo físico posterior parezca menos intenso. En otras palabras, después de experimentar el frío extremo, el cuerpo percibe el ejercicio como una sensación más tolerable y positiva.

Los autores del estudio esperan que estos hallazgos ayuden a motivar a más personas a ejercitarse, en un contexto donde casi tres cuartas partes de los estadounidenses tienen sobrepeso u obesidad y menos del 25 % realiza suficiente actividad física. Según una encuesta de Freeletics, la mitad de los estadounidenses no disfruta del ejercicio, por lo que los investigadores creen que este enfoque podría cambiar la forma en que las personas se relacionan con su cuerpo y con la actividad física.

Por último, los expertos aclararon que, aunque los baños de hielo se han popularizado como técnica de recuperación tras el ejercicio, su estudio se centró en los beneficios de aplicarlos antes del entrenamiento. Aseguran que la exposición controlada al frío puede ser una herramienta útil para preparar el cuerpo y la mente, mejorar la tolerancia al esfuerzo y, en consecuencia, aumentar el disfrute al ejercitarse.