Una tradición que enlaza generaciones, realidades y emociones compartidas. Santo Domingo.– Con la llegada de diciembre, cuando las luces adornan las ciudades y el año se aproxima a su final, resurge una práctica que atraviesa generaciones y contextos sociales: la entrega de canastas navideñas. Más allá de los productos que contienen, estas canastas representan historia, identidad y la renovación de lazos humanos propios de la temporada navideña. La costumbre de compartir alimentos en fechas especiales tiene un origen remoto. Desde antiguas celebraciones agrícolas hasta festividades religiosas, el intercambio de bienes ha simbolizado abundancia, gratitud y cohesión comunitaria. Con el tiempo, esta tradición evolucionó y se adaptó a los entornos urbanos y laborales, consolidándose como un ritual de cierre de año y de proyección hacia nuevos comienzos. En América Latina, las canastas navideñas trascendieron el ámbito familiar para incorporarse al mundo del trabajo. Empresas e instituciones las adoptaron como una forma de reconocimiento al esfuerzo de sus colaboradores. Aunque sencillo, este gesto transmite valoración, pertenencia y cercanía en un período marcado por balances, metas cumplidas y expectativas futuras. Su significado social va más allá del contenido material. Una canasta representa solidaridad y cuidado, y en muchos hogares supone un alivio económico durante un mes de gastos elevados. En comunidades y barrios, su distribución fortalece redes de apoyo y refuerza la idea de que la Navidad se construye desde lo colectivo. Además, estas canastas generan un impacto económico y cultural importante. Su elaboración y distribución impulsan el comercio estacional, benefician a productores locales y crean empleos temporales. Cada región, a su vez, imprime su identidad a través de sabores, productos y costumbres propias. A pesar de los cambios sociales y tecnológicos, la tradición se mantiene vigente. Se transforma en presentación y contenido, pero conserva su esencia: compartir. En medio de un mundo acelerado, la canasta navideña sigue siendo un recordatorio tangible del valor de los gestos simples. En definitiva, este fenómeno explica por qué diciembre despierta sentimientos comunes de gratitud, alivio y esperanza. No se trata solo de recibir, sino de sentirse parte de algo más grande, donde el reconocimiento mutuo da sentido profundo a la celebración de la Navidad. Navegación de entradas David Collado inaugura estacionamiento vehicular que impulsa el ordenamiento de Bayahibe El verdadero significado bíblico de la Navidad, más allá de la tradición cultural