Un movimiento clandestino integrado por militares y policías se formó a inicios de la década de 1990 con el propósito de evitar un nuevo fraude electoral en República Dominicana, especialmente de cara a las elecciones de 1994. La historia es relatada por el general retirado José Miguel Soto Jiménez en su libro Los muchachos de la democracia, donde explica que este grupo no buscaba dar un golpe de Estado, sino actuar como garante del respeto a la voluntad popular si el resultado electoral era desconocido.

Según el relato, el grupo surgió tras las tensiones dejadas por los comicios de 1990 y el temor de que se repitiera una situación similar en 1994. Soto Jiménez y Manuel Ernesto Polanco Salvador fueron los principales fundadores, mientras que figuras como José Francisco Peña Gómez e Hipólito Mejía sirvieron como referentes políticos cercanos, aunque, de acuerdo con el autor, nunca impulsaron una insurrección. La misión del equipo era mantenerse preparado para defender el resultado si Peña Gómez resultaba vencedor.

El movimiento se caracterizó por su alto nivel de discreción, disciplina y secretismo. Sus integrantes eran reclutados cuidadosamente, tras recomendaciones internas y procesos de evaluación, y sus reuniones se realizaban en lugares reservados para evitar filtraciones. Con el paso del tiempo, el grupo llegó a reunir a decenas de oficiales de distintos rangos dentro de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, consolidándose como una red de apoyo interno con fuerte vocación democrática.

Soto Jiménez sostiene que la sola existencia del grupo tuvo peso en el desenlace político de 1994, al influir en el contexto de negociaciones que derivó en el llamado “empate técnico” y en el acuerdo que permitió una salida institucional a la crisis. Asegura también que, pese a que sus nombres llegaron a manos de Joaquín Balaguer en 1995, ninguno de sus miembros fue destituido, lo que para él reflejó la fuerza y el alcance que había alcanzado el movimiento dentro de la estructura militar.

Con el paso de los años y una vez disminuyeron las circunstancias que motivaron su creación, el grupo fue entrando en inactividad, aunque sus integrantes mantuvieron, según el autor, el compromiso de impulsar reformas y modernización dentro de las instituciones castrenses. El libro busca sacar a la luz un episodio poco conocido de la historia política y militar dominicana, marcado por una “anomalía institucional” que, según sus protagonistas, pretendía evitar un mal mayor.