El papa León XIV clausuró el Jubileo durante la misa de la Epifanía en la basílica de San Pedro con un firme llamado a defender la fe y la humanidad frente a lo que describió como una “economía deformada” que convierte todo en negocio. En su homilía, advirtió que el mercado intenta sacar provecho incluso de la sed humana de buscar sentido, viajar y recomenzar, reduciendo a las personas a simples consumidores.

El pontífice presidió la ceremonia tras cerrar la Puerta Santa, acto solemne que puso fin al Año Santo iniciado en 2024 por su antecesor, el papa Francisco. Ante miles de fieles, cardenales y autoridades, entre ellas el presidente italiano Sergio Mattarella, León XIV reflexionó sobre los desafíos que enfrenta la Iglesia en un mundo marcado por conflictos, miedos y presiones que pueden derivar en agresión hacia la fe.

Al meditar sobre la adoración de los Reyes Magos, el papa comparó esa búsqueda con la inquietud espiritual de los creyentes actuales y destacó que esta es más profunda de lo que muchos suponen, como lo demuestra la llegada de más de 33 millones de peregrinos a Roma durante el Jubileo. En ese contexto, se preguntó si la Iglesia está verdaderamente viva y llamó a proteger lo pequeño, lo delicado y lo frágil como expresión auténtica de la fe.

León XIV alertó también sobre los “halagos del poder” y sobre la tentación de una eficiencia que convierte todo en producto, e invitó a evaluar si el Jubileo ha ayudado a huir de esa lógica. Subrayó que la fe no tiene precio ni medida y que no se manifiesta en espacios prestigiosos, sino en realidades humildes y cotidianas.

Finalmente, exhortó a los fieles a reconocer en cada visitante a un peregrino y en cada desconocido a un compañero de camino. Afirmó que, si las iglesias dejan de ser monumentos para convertirse en hogares y si las comunidades rechazan la seducción del poder, la Iglesia podrá abrir una nueva aurora basada en la acogida, la paz y la dignidad humana.