Las puertas de la casa de Humberto de la Rosa se abren con una sonrisa amable, pero detrás de ese gesto permanece una herida que aún no cierra: la muerte de su hija Rossi en el desplome del techo de la discoteca Jet Set, ocurrido el 8 de abril de 2025. Rossi de la Rosa Ortega tenía 45 años cuando perdió la vida en un colapso que dejó 236 fallecidos y cientos de heridos, uno de los episodios más devastadores en la historia reciente del país.

Según relata su padre, el cuerpo de Rossi permaneció bajo los escombros desde la madrugada del 8 de abril hasta el día 11, cuando finalmente fue recuperado por los organismos de emergencia. La familia recuerda que era apenas la tercera vez que visitaba el establecimiento.

Rossi, licenciada en educación inicial, dedicó su vida a la docencia, aunque terminó especializándose en educación artística. Sus clases, llenas de baile, creatividad y expresión, la convirtieron en un pilar dentro de la Escuela María Trinidad Sánchez, en Santo Domingo Norte. Para su papá, su hija era “la armonía de su escuela”, una figura querida no solo por estudiantes, sino también por docentes y miembros del distrito educativo, que siempre la tenían presente en actividades y equipos de trabajo.

El impacto de su muerte se sintió de inmediato en el centro donde laboraba. Compañeros, alumnos y directivos se volcaron a acompañar a la familia en medio del dolor. Humberto recuerda cómo la directora suspendió clases durante varios días, ignorando cualquier trámite administrativo, para brindar apoyo total a quienes la conocieron. Ese respaldo constante, dice, fue un alivio en medio del sufrimiento. “La gente demostró que aquí había una persona muy grande”, reflexiona.

Rossi dejó dos hijos —un joven de 29 años y una adolescente de 17—, además de un profundo vacío en su familia, especialmente en su padre, quien desde la tragedia ha escrito numerosos poemas para honrar su memoria. Entre ellos recuerda “La última foto” y “Cada 8 de abril”. En cada línea, asegura, intenta retratar a la Rossi que él conoció: una mujer “universal”, capaz de conectar con todos sin importar edad o condición. “A veces digo: ‘demasiada hija para tampoco padre’, porque aunque siempre estuve ahí para mis hijos, aún no me conformo”, confiesa.

La tragedia del Jet Set marcó un antes y un después en el país. El colapso del techo ocurrió durante un concierto del merenguero Rubby Pérez y destapó graves fallas estructurales en un edificio que operaba como discoteca desde 1994, aunque había sido construido originalmente para un cine más de medio siglo atrás. Una investigación oficial determinó que el techo era una enorme losa sin columnas internas para distribuir la carga, y que su deterioro ya había sido reportado en varias ocasiones.

Los propietarios del establecimiento, Antonio y Maribel Espaillat, fueron arrestados por homicidio involuntario debido a presunta negligencia en el mantenimiento y por no tomar acción tras múltiples advertencias de riesgo. Aunque un tribunal ordenó su liberación, enfrentan diversas querellas de sobrevivientes y familiares de las víctimas. La acusación señala que antes del desplome se reportaron filtraciones, paneles caídos y escombros desprendidos del techo, incluso días previos al concierto. Empleados y visitantes documentaron videos y fotografías que alertaban sobre la situación, pero las medidas tomadas fueron consideradas insuficientes por el Ministerio Público.

La historia de Rossi de la Rosa Ortega es solo una de las muchas que quedaron truncas aquella madrugada, pero su vida, dedicada por completo a la enseñanza y el cariño hacia los demás, dejó una marca profunda en quienes la conocieron. Su legado continúa vivo en la memoria de su familia, sus alumnos y cada persona que vio en ella a una educadora excepcional y a un ser humano luminoso cuya ausencia aún duele.